Creado en colaboración con el Helpdesk sobre Empresas y Derechos Humanos

Salario digno

Alrededor del 15 % de los/las asalariados/as reciben menos del salario mínimo, lo que da lugar a ciclos de pobreza endémica entre los/as trabajadores/as con empleo remunerado pero con una remuneración insuficiente.

Factores de riesgo contextuales

Hay muchos factores de riesgo que contribuyen a unos niveles salariales muy bajos para los/as trabajadores/as, entre los que figuran los siguientes:

  • La inexistencia de leyes sobre el salario mínimo y los intentos de algunos gobiernos por mantener los salarios bajos para que sean competitivos para las empresas internacionales significa que los salarios bajos son la norma para muchos/as trabajadores/as. Las legislaciones relativas a los salarios mínimos y la remuneración no garantizan que se proporcionen salarios dignos.
  • Un cumplimiento deficiente de la legislación laboral, por ejemplo, las leyes relativas a salarios, remuneración y horas de trabajo, puede dar lugar a que los salarios en su conjunto sean inadecuados.
  • Los altos niveles de desempleo debilitan la capacidad de negociación de los/as trabajadores/as y puede dar lugar a que acepten empleos con salarios que no son adecuados para ellos o sus familias con el fin de tener algún tipo de ingreso.
  • Altos niveles de informalidad: Si las empresas operan en la economía informal o están legalmente registradas pero contratan trabajadores/as de manera informal, sus trabajadores/as corren un riesgo mucho mayor de percibir salarios muy bajos y, en la mayoría de los casos, no recibir un salario digno.
  • La pobreza generalizada en un país o región puede contribuir a la generación de salarios bajos, ya que las empresas pueden aprovechar el escaso nivel de ingresos en la zona y pagar menos a los/as trabajadores/as.
  • La ausencia de prestaciones de seguridad social y no monetarias, como la falta de acceso a una atención infantil o una asistencia sanitaria asequibles, eleva el gasto de los/as trabajadores/as, reduciendo así la proporción de sus salarios que puede gastarse en otros conceptos como la alimentación, la vivienda, la educación, el transporte o las actividades de ocio.
  • Los altos niveles de desigualdad en una región pueden contribuir a la existencia de salarios bajos o inestables, ya que los salarios medios pueden parecer adecuados, pero los situados en el extremo inferior de la escala salarial se encuentran desfavorecidos.
  • Las asimetrías de poder e información en las cadenas de suministro mundiales da lugar a que los proveedores normalmente dispongan de menos opciones y menos flexibilidad que sus compradores para tomar decisiones. En las últimas cuatro décadas, una transición relativamente rápida al aprovisionamiento mundial ha hecho que las cadenas de suministro dependan de un modelo de negocio que se beneficia del mantenimiento de salarios bajos y de una regulación y aplicación inadecuadas.
  • La existencia de redes de suministro complejas y dispares con múltiples intermediarios y empresas que adquieren a un único proveedor exige un alto grado de coordinación del comprador para abordar los salarios. También suscita preocupación que dicha coordinación infrinja las leyes de defensa de la competencia. La complejidad de estas redes refleja los posibles retos de garantizar un salario digno.
  • El diálogo social, incluida la negociación colectiva, no se utiliza eficazmente en todas partes, lo que significa que los/as trabajadores/as pierden un canal importante para aumentar los salarios. El diálogo social es fundamental para garantizar que el salario se ajuste a las necesidades tanto de los/as trabajadores/as como de las empresas proveedoras. El diálogo social también es vital para mantener los salarios actualizados en función de la inflación y los cambios en las circunstancias económicas.